jueves, 2 de junio de 2011

Reflexiones tras la visita a Baró de Viver: comparativa

La visita a la escuela nos ha enseñado muchas cosas y nos ha llevado a reflexionar sobre la realidad que se vive en este centro y la realidad que vivimos nosotras en los centros escolares a los que acudimos.
Aunque cada una de nosotras fuimos a una escuela distinta, todas seguían modelos similares en cuanto a la celebración de las fiestas, ya que estás se realizaban de manera aislada, sin tener ninguna relación con el aprendizaje que se llevaba a cabo en las clases.
En la escuela de Baró de Viver, en cambio, viven las celebraciones de manera diferente, ya que en esta escuela las fiestas son una fuente de aprendizaje a través de las que los niños aprenden de forma dinámica y divertida y en las que los profesores se implican especialmente.

En cuanto a la fiesta de Sant Jordi, en la que estuvimos presentes, pudimos observar cómo se realizaba un concurso literario. Cada alumno había escrito previamente un relato y lo había entregado bajo un pseudónimo. Después, las maestras habían elegido a los ganadores (3 alumnos por cada curso) y los premiaron con una flor y un libro para la clase. Nos llamó mucho la atención las reacciones que tuvieron los niños al recibir los premios, ya que la mayoría se mostraron muy emocionados y contentos, además muchos les dedicaron el premio a sus familiares y compañeros. Ante estas dedicatorias, los maestros hacían subir a los familiares al escenario, hecho que mostraba la unión que existe entre las familias y el equipo docente.
Cabe destacar que existía una categoría en la que participaban los familiares de los alumnos y que también eran premiados.

Después de asistir a la celebración y de ayudar a recoger, compartimos nuestras impresiones con Eli, la Cap d’Estudis del centro. Ella nos explicó que los niños vivían con mucha ilusión estas celebraciones y que se implicaban mucho, por lo que estaban muy motivados al escribir sus relatos. Además, nos explicó que intentaban que los premiados no fueran siempre los mismos, sino que el premio se destinara a alumnos que se habían esforzado o que habían vivido situaciones difíciles durante aquel año.  Al finalizar la visita pudimos ver que las madres de los niños habían organizado una parada donde vendían libros y cuyo beneficio iba destinado a la escuela.

Todo esto, como hemos mencionado anteriormente, nos sorprendió gratamente, ya en nuestra experiencia escolar, la fiesta de Sant Jordi era una celebración en la que solo eran protagonistas los buenos escritores. Esto causaba desinterés al resto de alumnos y fomentaba un sentimiento de competitividad entre los alumnos que escribían mejor, cosa que no pasa en la escuela Baró de Viver, en la que pudimos observar un gran compañerismo entre alumnos. Además, en nuestros centros las familias se quedaban totalmente al margen y su participación era escasa, como en el resto de celebraciones.

Una vez finalizada la visita, nos dimos cuenta de los beneficios que comporta darle sentido a las fiestas y no realizarlas simplemente “porque siempre se ha hecho”. De esta manera, animamos a todos los maestros a poner entusiasmo en la realización de actividades similares, ya que hemos podido comprobar que gracias a estas actividades los alumnos se divierten aprendiendo.

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