domingo, 29 de mayo de 2011

Sant Jordi

Cuando llegamos a la escuela Baró de Viver, la maestra que nos recibió nos llevó hasta el patio del colegio. Era ese el lugar central de la celebración del día de Sant Jordi. Sobre una gran tarima, estaban 3 profesoras disfrazadas de personajes míticos de la leyenda que festejaban ese día: una maestra vestía del guerrero Sant Jordi, otra de la princesa protagonista de la narración y una tercera iba disfrazada de dragón. Al inicio de la fiesta, les contaron a los niños y a sus familias -todos ellos sentados enfrente- que iban a celebrar el día de Sant Jordi. Introdujeron la fiesta con diálogos muy amenos y entendibles para niños de todas las edades, ya que allí se congregaban desde los más pequeños a los mayores de la escuela.



El eje central de la fiesta consistía en que cada curso interpretara o leyera una composición sobre la fiesta. Los cursos que tenían alumnos de más corta edad recitaban un cuento o un poema en conjunto. En algunos casos, la maestra encargada de cada clase ayudaba a los niños a llevar a cabo su actuación. Por ejemplo, si algún niño no sabía su parte, la profesora se lo decía en voz baja; ya que consideran que todos tienen derecho a actuar y a formar parte de la dinámica de la clase, sin distinciones de ningún tipo. Así, todos los alumnos sentían que podían aportar su granito de arena al resto de compañeros y les invadía un sentimiento de alegría por poder celebrar una fiesta que en la escuela prepararon con mucha antelación.
Los niños de cursos más mayores, en los que los alumnos tienen mayor autonomía, realizaban su propia obra. Eran ellos mismos los que debían utilizar su imaginación y los recursos que están a su alcance para desarrollar la tarea. En este caso, además, todas las aportaciones tomaban partida en un concurso que finalizaba con 3 finalistas por clase. Asimismo, los niños escribían anónimamente, bajo un pseudónimo que ellos mismos escogían. Muchos de ellos, delataban lo que los niños sentían o personajes con los que se identificaban o por los que sentían admiración. Algunos ejemplos eran nombres de jugadores de fútbol -Messi-, de músicos -Paco de Lucía-, nombres comunes -mermelada-, etc.
Los premios los concedían en el siguiente orden: tercer premio, segundo premio y primer premio. Este último leía al resto de compañeros y a las familias que estaban allí reunidas la composición, poesía o cuento que había realizado. Aunque es cierto que, cuando el jurado sopesaba a quién darle el premio, se tenía en cuenta la calidad de los escritos, algunos de los premios se los otorgaban a niños que han pasado una etapa difícil o a aquellos que necesitan un estimulante que les motive a querer trabajar. Es decir, no sólo valoraban el resultado final, sino que también valoraban el esfuerzo y la constancia de los niños.
Por otro lado, y es éste un aspecto que valoramos mucho, la escuela organiza un concurso paralelo y simultáneo para las familias. Las familias, utilizando el mismo proceso que los niños -pseudónimos- pueden presentar un escrito y participar en un concurso familiar. Al final de la fiesta, también se concedió un primer, un segundo y un tercer premio a aquellas familias que participaron en el concurso y que, por diversos motivos, merecían ganar uno de esos 3 premios. Sin embargo, las maestras encargadas de dirigir la fiesta, dejaron claro que lo importante había sido el esfuerzo, la constancia, y que, aunque hubieran dado pocos premios, todos hubieran merecido llevarse uno de ellos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario